Era imposible que fuera cada vez mejor. Había una ley de la física que lo prohibía. En serio, había algún tipo de ley. La ley de la conservación de la felicidad. No había forma de añadir felicidad a la suma de la que había en el universo, ni tampoco se le podía restar. Y ellos estaban viviendo rápidamente la porción que les correspondía.
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